Existe un ser incomprendido y subestimado, un maestro.
Un ser que nació, aprendió y luego enseñó.

Es un ser que dedica su vida entera a preparar a otros.
Nadie logra comprender cómo vive un maestro.

Temprano en la mañana corre para ver a sus estudiantes, muy puntual.
Desgasta su voz día a día para enseñar y corregir.
Extensos textos viven en su memoria, siempre disponibles para salir de su boca.
Pocas veces he notado la ausencia de un maestro, siempre están ahí.
Incluso en la enfermedad siempre están ahí para sus alumnos.

No se cansan de enseñar lo que saben año tras año a los inocentes que están sentados frente a ellos.
De pie todo el día, escribiendo en un tablero durante largas jornadas.

Un maestro es uno de los seres menos valorados por los gobiernos… y tan importantes que son para la sociedad.
Alumnos sin madurez rechazan las enseñanzas que con amor les brindan.
Cuán difícil es la vida de un maestro que aún al terminar su jornada laboral, deben llegar a sus hogares a prepararse para el siguiente día de enseñanza.
Cuando un maestro te diga que él aprende más cuando enseña, créele.

Tengo gratos recuerdos de mis maestros, recuerdo a aquellos que me inspiraron a convertirme en lo que soy hoy.
Recuerdo a aquellos que me exigieron más porque sabían de mi potencial. Todo eso lo ve un maestro aunque no esté en su contrato; porque tienen un compromiso con sus alumnos, no con su patrón.
Un compromiso que ellos mismos se han hecho, nadie les obligó.
Si un maestro no tuviera compromiso, sus alumnos serían felices mientras dure el periodo de enseñanza, pero lo lamentarían cuando tengan que enfrentar los óbices de la vida.

Recuerdo el rostro de maestros desesperados porque sus alumnos no querían aprender sus enseñanzas. Tristemente me incluyo en esa lista. Que desagradecidos fuimos.
Agradezco que nunca se rindieran, que estuvieran ahí siempre, creyendo siempre en sus alumnos y en lo que llegarían a ser algún día.
Para un Maestro ese es un gran orgullo.

A mis maestros les agradezco compartir conmigo su guía y experiencia, aunque no estuvieran obligados a hacerlo.
Agradezco a la vida permitirme ser parte de la vida de alguno de ellos a los que hoy considero mis amigos.
A todos los maestros agradezco su dedicación y compromiso; su gran aporte a la sociedad y la paciencia que, sinceramente, no sé de dónde sale.

A quienes son alumnos hoy les suplico que comprendan a sus maestros, ellos no solo quieren hacer su trabajo, ellos quieren prepararte para la vida.

A todos ellos quienes por pasión dedican su vida al maravilloso arte de la enseñanza, quienes impulsan y promueven la adquisición de esa exquisita sustancia del ser humano que es el conocimiento.

A todos ellos que dedican su vida al servicio de los demás, Feliz día, Maestros.

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